A diferencia de lo que se cree, en una situación de bullying los involucrados no son solamente la víctima y el victimario. Los espectadores también juegan un papel fundamental, ya que si bien no participan directamente del hecho, son testigos clave y con pequeñas acciones pueden ayudar al compañero que lo sufre. Además, muchas veces son ellos los que pueden cambiar la situación, porque si la violencia no tiene repercusión en el grupo, deja de tener sentido para el agresor.
Pero, ¿qué hacer si sé que mi hijo es un espectador constante de situaciones de bullying en su escuela? Desde la organización Libres de Bullying recomiendan mostrarle diferentes alternativas de cómo puede actuar:

No reírse ni festejar cuando un compañero agrede a otro, ya que la risa colabora para que la víctima se sienta humillada.
Si se anima, puede hacerle saber al agresor que no está de acuerdo con lo que hace.
Retirarse de la escena.
Buscar ayuda, por ejemplo, la de un adulto que frene la agresión.
Acercarse a la víctima para darle una palabra de aliento. Tal vez con solo decirle “qué feo lo que te están haciendo, lo lamento”, lo ayude a sentirse mejor.
Buscar a aquellos compañeros que también se sintieron incómodos con el maltrato y brindar apoyo al chico agredido.

¿Cómo hablar del tema?
Pensá que tu hijo puede estar sintiendo culpa por no hacer nada y, al mismo tiempo, miedo ante la idea de involucrarse. No le pidas que defienda a un compañero si realmente el grupo es complicado. En ese caso, es importante que des aviso en la escuela de lo que está sucediendo.
Asegurate de que tu hijo sepa que puede recurrir a vos u a otros adultos de confianza en caso de ser testigo de una situación de bullying.
Trasmitile la importancia de ser compasivo, tolerante y de tratar a los demás con respeto.
Desarrollá su empatía preguntándole: ¿qué sentirías vos si estuvieras en la situación del chico agredido?
Dejale en claro la diferencia entre ser “buchón” y ser solidario. Mostrale que pedir ayuda para alguien que la está pasando mal no es ser buchón, es ser solidario.
Explicale que no existe una postura neutral frente a la violencia. Si nadie hace nada, entonces estamos avalando el fenómeno y permitiendo que esto continúe.
Estas situaciones se pueden replicar en el plano virtual a través del ciberbullying, lo que provoca que la víctima no pueda sentirse segura ni siquiera fuera del colegio. En este caso el número de espectadores se multiplica y es importante aconsejar a los chicos.
Ayudalo a tener una mirada crítica tanto en las redes sociales como en los grupos de chat para que pueda reflexionar antes de compartir algo dañino. Invitalo a preguntarse previamente: ¿alguien puede llegar a sufrir con esto que voy a compartir?
Generá una apertura al diálogo para que tu hijo te confíe los episodios que lo incomodan en las redes. A pesar de que los niños dominan con mucha habilidad los dispositivos, los adultos debemos tomar un rol de autoridad.
Decile que nunca es bueno festejar la publicación de una foto o un video que humille a un compañero. Hacelo tomar conciencia de que con un like le puede dar poder a los hostigadores y, sin querer, se podría convertir en cómplice.
Alertalo sobre los riesgos de compartir fotos o videos con personas que no sean de confianza.

Es el hostigamiento a través de medios informáticos como redes sociales, chat, correo electrónico o sitios web, según lo describe la organización Argentina Cibersegura. Consiste en molestar, amenazar, humillar o acosar a una persona utilizando esos medios.

Las formas más comunes son la difusión de falsos rumores, videos o fotos humillantes, y la creación de perfiles o sitios para agredir a la víctima. También puede ocurrir que el agresor se haga pasar por otra persona para decir cosas desagradables o amenace a la víctima con publicar su información personal.

Generalmente, los afectados son personas vulnerables que son vistas como “diferentes” por quien las molesta.

El ciberbullying se expande viralmente por la web y puede ser difícil de detener. Por tal motivo, resulta invasivo y dañino. Además, puede que las agresiones permanezcan en el ciberespacio durante mucho tiempo, por lo que afectan a largo plazo a quien las sufre.

A los chicos que son víctimas les cuesta más pedir ayuda, no solo por el anonimato que muchas veces hay detrás de una agresión, sino porque temen que sus padres les prohíban usar las redes o los dispositivos tecnológicos.

La ONG Argentina Cibersegura recomienda los siguientes pasos:

No lo minimices. Si tu hijo se acerca para pedirte ayuda, evitá frases como “esto sólo pasa de manera virtual”. Tené presente que lo que ocurre en el mundo digital, tiene efectos reales. No hay que ignorar la importancia que tienen las redes sociales para los jóvenes.
No le quites su dispositivo. A veces los padres suelen quitarles su celular o la clave de wifi con la esperanza de eliminar la fuente del problema. Para los jóvenes, esto es igual a la “muerte social” y los dejará sintiéndose más víctimas. Castigar a una víctima por lo que le está sucediendo hará que evite confiar en vos cuando se sienta amenazado
No lo culpes por lo sucedido. Incluso si es en parte responsable. Es importante brindarle apoyo y asegurarle que estás de su lado.
Guardá evidencia. Internet ofrece formas muy efectivas, como las capturas de pantalla, que se utilizan a la hora de denunciar.
Educalo en las buenas prácticas en internet. Mostrale a tu hijo que la web ofrece formas de denuncia y bloqueo. Cada plataforma tiene estas opciones, es indispensable buscarlas y conocer su uso. El primer paso es bloquear al contacto que hostiga e impedir que vea el perfil del chico o chica.
Hablá con la escuela. Si son compañeros de su clase, es muy probable que esa situación de bullying también se dé en el colegio. Acercate y demostrales que tu intención es trabajar con ellos para encontrar una solución.

A la hora de combatir el acoso escolar, la especialista María Zysman, autora de varios libros, entre ellos “Bullying. Cómo prevenir e intervenir en situaciones de hostigamiento escolar”, resalta los siguientes puntos:

Diseñá un protocolo: si bien existe una guía de intervención general propuesta por la Secretaría de Educación, es clave que cada escuela formule su propio protocolo de intervención, ya que cada institución presenta características y recursos diferentes (por ejemplo, no todas tienen gabinete de profesionales).
Anticipate: es muy importante que los protocolos de intervención se puedan establecer antes de que los problemas se presenten para evitar improvisaciones y acciones llenas de buenas intenciones pero que complican más que resolver.
Adaptá tu protocolo a cada situación: cuando surge un problema de bullying hay que evaluar ese caso particular y pensar la intervención de forma artesanal.
Tomá medidas de urgencia: si se detectan conductas de acoso, burla o discriminación hay que detenerlas en el momento en que se producen. No minimices ni esperes a que el problema escale.
Cuidá a todos: hay que cuidar principalmente a quien fue hostigado pero también a todos los demás. Por eso es clave evitar los escraches, las charlas de pasillo y la humillación. “No se puede humillar a nadie para enseñar a los demás a no humillar”, rescata Zysman.
Escuchá activamente y de manera individual a todos los involucrados: empezá por escuchar la voz de la víctima y luego la de quienes podrían estar siendo espectadores.
Citá en primer lugar a la familia de la víctima (nunca al mismo tiempo que a la familia del hostigador). Luego se irá citando al resto de los involucrados de acuerdo a la situación particular.
Mantené la discreción y confidencialidad en todo momento.

¿Cómo conversar con los protagonistas de la situación? Desde la ONG santafecina Hablemos de Bullying ofrecen las siguientes recomendaciones:

Con el niño/adolescente que está siendo hostigado es importante lograr que se sienta escuchado y comprendido en sus sentimientos, fomentar sentimientos de esperanza, reforzar la importancia de hablar y ayudarlo a identificar a un adulto dentro de la institución a quien sienta más cercano o confiable para que se convierta en un factor protector inmediato.
Con los niños/adolescentes espectadores, lo central es establecer un vínculo de confianza y colaboración, debemos asegurarles confidencialidad y lograr que no se sientan juzgados, buscar con ellos modos asertivos de intervenir en los momentos en que son testigos de situaciones de acoso y generar motivación para convertirse en protectores.
Con el/los niños/adolescentes que están actuando como hostigadores, lo central en este caso es no juzgarlos. Se busca que tomen consciencia del sufrimiento que sus acciones provocan y participen en la búsqueda de soluciones y acciones compensatorias. Las preguntas son generales, no nos focalizamos sobre un hecho particular; y siempre apuntamos a generar la reflexión sobre las propias acciones y actitudes. Se trabaja desde la suposición sobre cómo podríamos colaborar en una situación de ese estilo. Igualmente esto dependerá de la gravedad del caso, existen diferentes estrategias para el abordaje que en situaciones de mayor gravedad exigirán interconsulta.
Reuniones con los padres de los menores implicados. Es esencial cuidar de no juntar a las familias de los niños/adolescentes implicados en la situación. Citarlos en días distintos para evitar encuentros de pasillo. Más allá de eso, María Zysman alerta: “Lo que va a influir directamente en la recepción y posterior reacción de esos padres es la forma en que nosotros nos dirigimos a ellos. Desde qué lugar les hablamos, qué proyecto tenemos con sus hijos”. Por eso, antes de citarlos, recomienda comenzar a trabajar con ese chico que hostiga para poder devolver a los padres algo lógico, humano y esperanzador. “Las reuniones no pueden ser un desahogo o cumplimiento formal por parte de la escuela sino todo lo contrario, una construcción amorosa con la familia”, agrega.
En todos los casos brindar información clara y concisa, dar tranquilidad y transmitir empatía con la situación. Lo más importante siempre es trabajar en equipo (familias y escuela) en pos del bienestar de los niños/adolescentes.

¿Qué medidas podemos llevar adelante en la institución?

Tené previstas consecuencias para aquellos alumnos que evidencian conductas de maltrato o de intimidaciones (sea de forma directa o indirecta) y procurá ser consistentes en su aplicación. Es conveniente comprometer al alumno en la reparación del daño y hacer un seguimiento de su conducta.
Comunicá a todos los integrantes de la institución, al personal docente y no docente sobre la situación delicada que se está atravesando e interpelalos a la reflexión para que se involucren en caso de que detecten alguna conducta de maltrato directo o indirecto y a que intensifiquen la observación de dichas conductas. Alertá a los docentes del grupo sobre la necesidad de estar atentos a las interacciones entre los alumnos del grupo. (Alertar no significa emitir juicio de valor, ya que esto incide en la percepción que tenemos del grupo y cómo los docentes nos relacionamos con ellos)
De manera general, mantené registro de todas las medidas emprendidas y de su seguimiento a fin de revisar su aplicación, evaluar resultados, dejar y dar constancia de las mismas a quien lo solicite, en especial a la familia involucrada.
Trabajá sobre medidas para prevenir posibles futuros incidentes.
Realizá reuniones de seguimiento con los padres para informarles cómo continúa el proceso.

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