El 7 de marzo de 2025 quedó marcado como una de las jornadas más dramáticas en la historia reciente de la ciudad. Entre los relatos de supervivencia, emerge la figura de Nicolás, quien rescató a su madre en medio del desastre antes de su inesperado fallecimiento meses después.
BAHÍA BLANCA. – Se cumplió el primer aniversario de la histórica inundación que, el viernes 7 de marzo de 2025, transformó las calles de Bahía Blanca en cauces furiosos y puso en jaque la vida de cientos de vecinos. En este contexto de memoria colectiva, trascendió la historia de Nicolás Verdecchia, un joven cuya determinación física y afectiva permitió un rescate milagroso en el momento más crítico de la tormenta.
Aquel viernes, la situación en los barrios bahienses alcanzó niveles de catástrofe hacia las 17:00 horas. Mientras el agua superaba la línea de la cintura dentro de las viviendas y el oleaje externo amenazaba con arrastrar todo a su paso, las comunicaciones colapsaban. En una de esas casas, una mujer mayor resistía con el agua a la altura del cuello, enfrentando la decisión de permanecer en el encierro o entregarse a la correntada de la calle.
Un rescate contra reloj
Pasadas las 17:30, en un momento de desesperación absoluta, Nicolás logró establecer contacto telefónico. Su instrucción fue precisa y vital: «Subite a la mesa y esperame». Utilizando herramientas de navegación digital para sortear las zonas anegadas y valiéndose de su condición de deportista, el joven inició una travesía por una ciudad intransitable para llegar al auxilio de su madre.
Cerca de las 19:30, tras «pechar» el agua con su propio cuerpo contra la fuerza de la corriente, Nicolás logró ingresar a la vivienda. Allí encontró a su madre en estado de hipotermia, sosteniéndose sobre los muebles para evitar el ahogamiento. Gracias a su intervención, la mujer pudo ser evacuada y puesta a salvo, en lo que hoy se recuerda como un acto de entrega absoluta.
El adiós a un deportista querido
La memoria de Nicolás Verdecchia hoy cobra una dimensión especial, no solo por su valentía durante la inundación, sino por el vacío que dejó en la comunidad deportiva local. El 15 de junio de 2025, apenas tres meses después de aquel rescate, Nicolás falleció de forma inesperada a causa de una muerte súbita mientras se encontraba en su amado Club «Purre».
A un año de la tragedia hídrica, la ciudad no solo recuerda los daños materiales o las fallas en la infraestructura, sino también las historias mínimas y heroicas. La figura de Nicolás permanece como el símbolo del «milagro del amor»: el hijo que desafió al agua que se formó en las calles para asegurar que su madre tuviera un mañana.
