Impulsada por el especialista cordobés Cristian Baquero Lazcano, la propuesta busca crear un símbolo internacional para combatir la violencia escolar. Con el color naranja como protagonista, la insignia apuesta a la empatía y al diálogo como herramientas de transformación social.

En un contexto donde la violencia entre pares ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en una dinámica que afecta profundamente la convivencia escolar, surge una iniciativa que busca cambiar la forma de abordar el problema: la creación de una Bandera Internacional contra el Acoso Escolar (Bullying).

La propuesta es impulsada por el Prof. Dr. Cristian Baquero Lazcano, especialista en creación de símbolos oficiales y Director de Comunicación Institucional de la ASARP. La iniciativa se fundamenta en la idea de que las sociedades se transforman a través de los símbolos que adoptan, siguiendo el ejemplo de otras causas como la paz o la inclusión.

El significado detrás del símbolo

El diseño de la bandera no es casual y utiliza la psicología del color para transmitir su mensaje:

  • Campo naranja pleno: Se eligió este tono por su asociación con la cercanía, la sociabilidad y la apertura al otro. Es un color de advertencia que se percibe con rapidez, pero que, a diferencia de otros, conserva una dimensión humana vinculada a la empatía.
  • Círculo blanco incompleto: Ubicado en el centro, esta forma interrumpida simboliza una comunidad que ha perdido su continuidad y un lazo social que se ha fracturado.

Una herramienta para las escuelas

La bandera se propone como un elemento de presencia institucional, especialmente para ser incorporada en los establecimientos durante la semana del 2 de mayo. Además de flamear en los edificios, la iniciativa sugiere el uso de distintivos naranjas dentro de la comunidad educativa para reforzar el sentido de pertenencia y compromiso.

Frente al avance del ciberacoso y las huellas que el bullying deja en las trayectorias de los jóvenes, este símbolo busca instalar el tema en la conversación pública. Según los impulsores de la medida, introducir una bandera es, en esencia, introducir una pregunta sobre qué tipo de convivencia estamos dispuestos a sostener y qué lugar le damos al otro en nuestra sociedad.

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