¿Qué efectos tienen los consumos problemáticos sobre la salud?
Los efectos dependen del tipo de sustancia, de la cantidad y de la frecuencia con la que se consume. Existen ciertas sustancias legales, como el tabaco, el alcohol o los energizantes, y otras ilegales, como la marihuana, la cocaína, la heroína, entre otros. Sin embargo, todas se caracterizan por ser perjudiciales para la salud psicológica y física de cualquier persona.
El daño neurológico en adolescentes es mayor y el deterioro neurocognitivo ocurre más temprano. Asimismo hay mayor riesgo de generar dependencia física y/o psicológica.
Todo consumo de sustancias actúa sobre los neurotransmisores alterando y perturbando el correcto funcionamiento del cerebro, afectando la conducta, estado de ánimo o percepción.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó las drogas ilícitas en cuatro grupos, en función de su peligrosidad. Las más peligrosas serían aquellas que crean dependencia física con mayor rapidez y que presentan mayor toxicidad y las menos peligrosas aquellas que crean únicamente dependencia psicológica. Estos grupos ordenados de mayor a menor peligrosidad son:
Grupo 1: opiáceos (opio, heroína, morfina, etc.)
Grupo 2: psicofármacos sedantes
Grupo 3: cocaína y anfetaminas
Grupo 4: ácido lisérgico, cannabis –marihuana, hachís– y mescalina
Con respecto a los efectos sobre la salud, la OMS estableció las siguientes categorías:
Efectos crónicos: debido al uso compartido de agujas, el consumo de heroína inyectada constituye un importante medio de transmisión de agentes infecciosos, como el VIH y los virus de las hepatitis B y C.
Efectos a corto plazo: en el caso de los opioides, se destacan las sobredosis. También las muertes y lesiones en accidentes por conducir bajo los efectos de sustancias que alteren la coordinación física y el juicio.
Efectos sociales: ruptura de vínculos e incumplimiento de compromisos o responsabilidades, etc.
Los especialistas también han determinado consecuencias específicas, según la sustancia:
Marihuana: puede producir deterioro cognitivo persistente, cuadros psiquiátricos, alteraciones bronquiales, pulmonares y endocrinas. Para más información ver la respuesta a la pregunta seis.
Cocaína: déficits cognitivos, alteraciones de regiones corticales específicas; arritmias e infartos cardíacos. Se ha observado deterioro de la función motora y disminución de los tiempos de reacción.
Anfetaminas: trastornos del sueño, ansiedad, disminución del apetito; cambios metabólicos regionales y deterioro motor y cognitivo, etc.
Éxtasis: tiene consecuencias conductuales y fisiológicas. Deterioro de la memoria, de la toma de decisiones y del autocontrol, paranoia, depresión y ataques de pánico, etc.
Sustancias alucinógenas: episodios psicóticos agudos o crónicos, repeticiones de la experiencia de los efectos de la sustancia mucho tiempo después de su consumo (flashbacks).
Con respecto a las drogas lícitas, los especialistas detallan los siguientes efectos:
Psicofármacos: los efectos en el cuerpo actúan como relajación, pérdida de la noción del tiempo, también disminuye la actividad cerebral. En muchos casos, a estos medicamentos los mezclan con energizantes o alcohol logrando así un efecto mayor y más riesgoso y dañino. El especialista Carlos Damin explica que “después de tres meses de mala utilización, los psicofármacos pueden generar cuadros psiquiátricos”.
Alcohol: solo el 10% de lo que se ingiere se elimina por orina y sudor. El resto es digerido por el hígado y se convierte en azúcar, causando enfermedades con efectos irreversibles como la cirrosis hepática, pancreatitis, diversos cánceres y enfermedades cardiovasculares. Además afecta la vida sexual y reproductiva siendo la disfunción eréctil una de las consecuencias (tomar en exceso dificulta la capacidad de tener o mantener una erección).
Tabaco: además del cáncer, fumar puede provocar enfermedades pulmonares como bronquitis crónica y enfisema y exacerba los síntomas del asma en adultos y niños. Además afecta al funcionamiento del corazón y del cerebro.
Bebidas energizantes: los niños son especialmente vulnerables al nocivo impacto de la cafeína en el sistema cardiovascular y sistema neurológico. En grandes cantidades pueden causar ansiedad, nerviosismo, insomnio, angustia, depresión, trastornos gastrointestinales, taquicardias, temblores, problemas de concentración, empeoramiento del rendimiento escolar y aumento de la tensión. El consumo de estas bebidas es especialmente preocupante cuando son consumidas junto con bebidas alcohólicas.
¿Es peligroso que mi hijo consuma marihuana?
El especialista Carlos Damin, jefe de la División Toxicología del Hospital Fernández, afirma que el consumo de marihuana en adolescentes es grave y preocupante:
Primero, por la edad de inicio que actualmente suele darse a los 13 0 14 años.
En segundo lugar, debido al efecto directo de la marihuana sobre el desarrollo neurológico de los chicos ya que produce alteraciones en la función cognitiva con pérdida de la memoria a corto plazo y pérdida de la atención, entre otros.
En tercer lugar, porque la marihuana puede provocar cuadros psiquiátricos, facilitando la descompensación de aquellos pacientes que tienen una patología previa compensada. “Por eso vemos muchos cuadros psiquiátricos bajo los efectos de la marihuana que son simples descompensaciones de patologías que estaban compensadas pero que no las veíamos hasta que empezó a consumir”, explica.
Con respecto a los efectos sobre la salud de las chicas y los chicos, Damin asegura que la marihuana impacta en diferentes órganos, sobre todo en los pulmones aumentando las chances de adquirir cáncer, bronquitis crónica o enfisema. Además produce alteraciones endocrinas, afecta la fertilidad (reduce las hormonas sexuales) y disminuye o inhibe el sistema inmunológico.
En cuanto a los síntomas inmediatos del consumo, se encuentran las náuseas y vómitos, ojos enrojecidos, mucha sed, apetito intenso y aumento de la frecuencia cardíaca. “También risa inmotivada, alteración de la percepción con mucha distorsión de la realidad, enlentecimiento en la percepción del tiempo, euforia y puede haber alucinaciones. Hay alteraciones en la función cognitiva inmediata, lo que impide conducir un vehículo”, enumera Damin.
Otro problema creciente que revelan los especialistas es el vapeo. “Los chicos, en su afán de que se les permita fumar marihuana, vapean. Entonces a veces los padres se quedan más tranquilos porque piensan que es menos dañino. El problema de la marihuana es, por un lado la combustión, que afecta los pulmones, y el otro problema son sus componentes, que en el vapeo están todos. Entonces el vapeo es un poco mejor -aunque altamente nocivo- y nunca debe darse en una persona menor de edad”, señala el jefe de Toxicología del Hospital Fernández .
Otra forma de consumo de la marihuana es a través de comidas, como brownies y tortas, entre otras. Al ir por vía digestiva su absorción es más lenta (los síntomas pueden tardar en aparecer entre media hora y tres horas) y los cuadros de intoxicación son potencialmente más graves.
¿Cómo impacta el consumo de alcohol en menores de 18 años?
“No hay que perder de vista que el cerebro y el hígado están en formación hasta los 20 años», recuerda Gabriela Torres, secretaria de Políticas integrales sobre Drogas de la Nación (Sedronar).
«Hay que explicarles que cuando tomaste de más, podés llegar a consentir situaciones que en condiciones normales no aceptarías, como el sexo sin cuidados, el consumo de una sustancia, o a cualquier otro tipo de situación que implique ponerse en riesgo», grafica Damin, jefe de la División Toxicología del Hospital Fernández.
Entre los efectos más importantes, los especialistas mencionan que puede provocar:
Alteraciones en la conducta: el consumo de alcohol no es la causa de la violencia, pero el abuso de alcohol puede acentuar algunas actitudes agresivas, así como también la angustia o la tristeza. También puede provocar accidentes domésticos y afectar el rendimiento en los estudios porque altera la capacidad de atención y concentración. También baja la capacidad física y aumenta el riesgo de lesiones en el deporte.
Daño neurológico y dependencia: provoca daños en el sistema nervioso central. Entre los adolescentes, hay mayor riesgo de generar dependencia. Damin explica que “cuando se empieza a los 13 o los 14 aumentan las chances de etilismo crónico y de consumo a largo plazo con peores consecuencias, porque el daño neurológico es mayor y el deterioro neurocognitivo ocurre más temprano”.
Impotencia sexual: se sabe que la ingesta prolongada de alcohol es una de las principales causas por las que los varones jóvenes consumen sildenafil. La impotencia sexual que genera, no en pocos casos, se contrarresta con medicamentos.
Enfermedades irreversibles: solo el 10% de lo que se ingiere se elimina por orina y sudor. El resto es digerido por el hígado y se convierte en azúcar, causando enfermedades con efectos irreversibles como la cirrosis hepática, pancreatitis, diversos cánceres y enfermedades cardiovasculares.
Debilitamiento del sistema inmunitario: evidencia científica reciente sostiene que contribuye a aumentar la carga de morbilidad asociada a enfermedades transmisibles como el VIH/SIDA, la tuberculosis y las de transmisión sexual, debido por un lado al debilitamiento del sistema inmunitario por efecto del alcohol y, por otro, a que la embriaguez obstaculiza la adherencia de las personas al tratamiento con antirretrovirales.
¿Cómo hablo con mi hijo si sospecho que puede estar teniendo consumos problemáticos?
Los especialistas de la Healthy Children Foundation de la American Academy of Pediatrics, ofrecen diversos recomendaciones a la hora de acercarnos a ellos y hablar del tema:
●Confiá en tus instintos: si tenés esa sensación perturbadora de que tu hijo adolescente pueda estar teniendo consumos problemáticos, no la ignores. Hablá con tu hijo y contale tu preocupación.
●Preparate: si tu hijo se sincera y te habla abiertamente sobre su consumo de sustancias, tratá de ser fuerte y asumir una postura para tranquilizarlo y ayudarlo.
●Buscá la ayuda profesional de un pediatra o de un terapeuta en salud mental o en adicciones.
●Vigilá la situación: contar con evidencia física, como encontrar drogas o utensilios en su habitación, fotos en Facebook o mensajes de texto acerca de compra, venta o consumo de sustancias, puede ayudarte a forzar el asunto.
●Consultá con su pediatra: prestá atención al comportamiento de tu hijo, aún cuando no encuentres evidencia física, y brindale detalles explícitos al pediatra sobre cualquier cambio conductual.
Consejos para hablar con tu hijo y comunicar tu preocupación:
●No vayas al choque con tu hijo cuando esté enojado o intoxicado. Esperá hasta que todos se hayan calmado y él esté sobrio.
●Es mejor hacer un plan antes de hablar con tu hijo.
●Elegí un momento en el que tengan privacidad y haya un mínimo de interrupciones.
●Guardá todos los celulares y enviá a los otros niños fuera de la casa.
●Evitá acusarlo, ya que podrías estar equivocado. Algunos comportamientos que sugieren abuso de sustancias, como mostrarse indiferente y distante, podrían también ser síntomas de depresión. O quizá el adolescente esté pasando por otros problemas.
●No lo subestimes ni lo hagas sentir culpable con frases del tipo: “¡Seguí así que vas a matar a tu padre!”. Solo lograrás acentuar su sentimiento de que no sirve para nada y eso podría llevarlo a incrementar el consumo para tapar su dolor.
●Tratá de expresar tus inquietudes, por ejemplo de esta forma: “Hemos notado algunos cambios en vos últimamente”. Enumerá esos cambios y luego continuá:. “Te amamos y sentimos que algo te está pasando. Algunas personas actúan de forma distinta, porque experimentan con la bebida y otras drogas, y luego se dan cuenta de que el control se les fue de las manos. ¿Es esto algo por lo que debamos estar preocupados? Si es así, esperamos que seas honesto con nosotros y nos lo digas, de modo que podamos ayudarte a detenerlo, ya que las drogas son un problema sumamente grande para que un joven lo maneje por sí solo y sin ayuda”.