No ocultes la situación: negar un consumo problemático nunca lleva a nada. El primer paso es asumir que hay un problema, ya que para la persona afectada esto muchas veces no es posible.

Mantené la calma: no entrar en pánico, ocuparse y buscar ayuda especializada es fundamental. Pablo Rossi, psicólogo especialista en adicciones, director de Fundación Manantiales, detalla que la serenidad permite evitar situaciones violentas, discusiones inútiles, actitudes condenatorias y acusaciones humillantes que perjudican aún más la relación, de por sí endeble.

No busques culpables: hay que desarmar la idea de que hay un culpable, ya que muchas veces es un síntoma de algo que pasa en la familia. Es clave que la misma se reconozca como parte del problema, no como «observador o testigo impotente».

Generá espacios de diálogo: transmitile que lo querés acompañar para pensar juntos qué está pasando como familia. Generar instancias de conversación es fundamental. No deben ser interrogatorios, sino espacios de escucha donde se registre al otro.

Poné límites: “Dialogar con ellos pero a la vez poner límites es clave. El adicto tratará de engañarnos una y otra vez, y nosotros debemos amarlo con responsabilidad e inteligencia. Amar no quiere decir dejarse engañar. Poner límites y mantenerlos con firmeza es la mejor manera de amar al hijo. Por ejemplo podemos decirle: vos fumarás marihuana pero acá en casa no se fuma. Yo no tengo problema en saber que vos fumás, vamos a buscar una solución pero en casa no se fuma, alcohol en casa no se toma, la previa en casa no se hace”, sostiene Carlos Damin.

Si se niega a recibir ayuda, buscala para vos: “Si mi hijo no quiere aceptar el problema, busco ayuda para mí y comienzo a hacer algo”, recomienda Carlos Damin de manera categórica. Más allá de la terapia individual o familiar, existen grupos anónimos dirigidos a familiares. Estos grupos son espacios muy valiosos donde se comparten preocupaciones y experiencias y se encuentra apoyo afectivo.

Involucrate en el tratamiento: desde Fundación Manantiales recomiendan encarar el problema en familia, con disposición a realizar “todos” un tratamiento, para que cada uno pueda replantearse su rol en la problemática de fondo. De acuerdo a la experiencia de muchos especialistas, si la familia se pone a trabajar en ciertas cuestiones, puede pasar que luego quien tiene la adicción también se decida a empezar.

Los expertos de Mayo Clinic, centro médico dedicado a atención de la salud, investigación y educación a nivel mundial, recomiendan actuar de la siguiente forma:

No reacciones mal: si te cuenta que ingirió alguna sustancia o notás que se encuentra bajo sus efectos, el primer paso es ayudarlo a recuperarse. No es momento de retarlo, castigarlo o reaccionar de manera agresiva . En otro momento, cuando ya esté recuperado y descansado, podrán conversar con calma sobre lo que pasó.

Evaluá si necesita ayuda médica: si tiene los siguientes síntomas no debés dudar en pedir ayuda inmediata ya que la intoxicación alcohólica puede causar un coma e incluso la muerte:

●Vómitos
●Convulsiones
●Respiración lenta o irregular
●Piel azulada o pálida
●Temperatura corporal baja -hipotermia-
●Desmayos -pérdida del conocimiento- sin poder despertarse

Si sospechás que alguien tiene intoxicación por alcohol, incluso si no ves los signos y síntomas clásicos, buscá atención médica inmediatamente. A continuación, te explicamos qué debés hacer:

●Llamá al 911 o al número de emergencias médicas de inmediato. Nunca asumas que la persona dormirá hasta que la intoxicación por alcohol desaparezca.

●Preparate para proporcionar información al personal del hospital o de urgencias sobre el tipo y la cantidad de alcohol que la persona tomó y cuándo lo hizo.

●No dejes sola a la persona si está inconsciente. Ya que la intoxicación por alcohol afecta la manera en que funciona el reflejo de náusea, alguien con intoxicación por alcohol se puede ahogar en su propio vómito y no poder respirar. Mientras esperan la ayuda, no intentes hacer que la persona vomite porque se puede ahogar.

●Intentá mantenerla sentada. Si la persona debe acostarse, asegurate de que lo haga con la cabeza vuelta hacia el costado, esto ayuda a prevenir los ahogos. Tratá de mantener a la persona despierta para evitar que pierda el conocimiento.

●No tengas miedo de pedir ayuda: puede ser difícil decidir si alguien está lo suficientemente alcoholizado como para solicitar intervención médica, pero es mejor equivocarse como precaución.

Una vez superada la crisis:

●Cuando tu hijo ya se encuentre sobrio y descansado, es hora de conversar sobre lo sucedido. Para ello los especialistas recomiendan que prepares un plan y busques un momento de privacidad evitando las interrupciones.

●Guardá la calma: evitá dramatizar durante la conversación. Podés comenzar con una pregunta abierta, tipo: «¿qué pasó anoche?». Dejalo que explique sin interrumpirlo y sin juzgarlo, de lo contrario es probable que se cierre y evite seguir hablando.

●Si se muestra muy cerrado y se niega a hablar, podemos expresar cómo nos sentimos frente a lo sucedido: «Me preocupé mucho cuando no llegabas. Me enojé al verte en ese estado. Me daría tranquilidad que me cuentes lo que pasó o qué consumiste». Evitá juicios de valor.

●Intentá conocer qué y cuánto consumió y por qué lo hizo (los motivos).

●Facilitale información. Si ves que le falta información sobre los riesgos de los consumos de sustancias, aprovechá para dársela y reflexionar juntos sobre ello.

●Terminá la conversación con un compromiso de responsabilidad por parte de nuestra hija o hijo respecto al consumo de sustancias en futuras salidas de ocio.

●Planteá en familia qué podemos trabajar para protegerlo y evitar que este comportamiento se convierta en un hábito: ofrecerle otras alternativas de ocio saludable (con amistades y con la familia), negociar horarios y otras normas con consecuencias asociadas si no se cumplen (fijadas de antemano), aumentar la comunicación acerca de los aspectos que le preocupan en su día a día para poder apoyarlo si lo necesita.

Evitá:

●Acusaciones, bombardeo de preguntas, actitudes de vigilancia y posturas excesivamente rígidas y coercitivas.

●Imponer inmediatamente una norma rígida, antes de recabar información.

●Actuar con indiferencia ante una sospecha o evidencia de consumo. El mensaje que le transmitimos es que no nos importa que beba.

La adicción es una enfermedad y la recuperación siempre es posible. Cuanto más temprano consultes es mejor. “Hay que ver si hay una dependencia y cuál es la complejidad del consumo, pero siempre tiene solución y es posible tratarlo en cualquier nivel”, explica Damin, jefe de la División Toxicología del Hospital Fernández.

Existen diferentes tipos de tratamientos que a grandes rasgos se dividen en: ambulatorios, hospital de día (casas de medio camino) y los que implican la internación del paciente. Todos ellos pueden complementarse con grupos de recuperación (conocidos como grupos anónimos), que tienen muy buenos resultados tanto en pacientes como en sus familias (hay grupos específicos para apoyar y acompañar a los familiares). La decisión acerca de cuál es el mejor proceso de recuperación para una persona es recomendable que esté a cargo de un profesional.

Para definir cuál es el mejor abordaje en un caso de adicción, Fabián Naparstek, doctor en psicoanálisis y profesor a cargo de Clínica de la Toxicología y el Alcoholismo, de la Facultad de Psicología de la UBA, hace fuerte hincapié en la necesidad de partir de un diagnóstico profesional. Lo crucial, a su entender, es evaluar qué conviene en cada caso. “En algunos casos, se hace una terapia ambulatoria y resulta, y, en otros, es necesaria la internación para proteger la integridad física del adicto y de su familia. Cada persona es un mundo”, concluye Naparstek.

Para Carlos Damin, jefe de toxicología del hospital Fernández: “Lo ideal es buscar un tratamiento integral que incluya psicólogo, toxicólogo, psiquiatra y trabajador social y que siempre esté acompañado de cambios en casa. Al respecto, advierte: “Toda la familia tiene un problema y todos tienen algo para hacer o cambiar. No sirve llevar al hijo al psicólogo y luego desentenderse”.

Con respecto al tipo de tratamiento, el especialista opina que debe intentarse siempre que sea ambulatorio porque permite que el paciente no pierda contacto con la realidad y la cotidianeidad. “Debemos agotar la instancia del tratamiento ambulatorio, ya que es el que no desintegra el grupo familiar, es el que no aísla al consumidor y lo mantiene inserto dentro de la sociedad”, explica.

Los grupos de recuperación de adicciones son una herramienta terapéutica que, ya sea en el marco de una internación o de un tratamiento ambulatorio, aportan grandes contribuciones al proceso de sanación. Los especialistas coinciden en que ayudan a reconstruir los lazos sociales, a reforzar la voluntad y a internalizar el concepto de que la persona no está sola. Sin embargo el doctor en psicoanálisis remarca: “Ninguno de este tipo de dinámicas permite desplegar la singularidad de cada sujeto. Por eso, hace falta una terapia individual en paralelo. De hecho, los grupos anónimos, así como las comunidades, reconocen que además hace falta la terapia individual”.

Entre los tratamientos más populares que involucran grupos, se encuentran las agrupaciones anónimas, a la manera de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos, y las comunidades terapéuticas:

Grupos anónimos: el tipo de tratamiento tiene una perspectiva religiosa, pero de ninguna religión en especial. Se plantea que hay una autoridad espiritual más alta y quienes llevan adelante el tratamiento responden a esa autoridad llevando adelante doce instancias de recuperación. Plantea que la adicción es una enfermedad para toda la vida.

Comunidades terapéuticas: surgieron en la Segunda Guerra Mundial. Inicialmente, quienes ocupaban el lugar de autoridad eran ex enfermos. La lógica es que alguien que ya pasó por eso puede ayudar a alguien que está pasando por lo mismo. Esa figura hoy sigue vigente, pero, con el tiempo, la composición de estas comunidades se fue nutriendo con la presencia de profesionales. Por lo general ofrecen tanto tratamiento ambulatorio como internación

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