¿Las niñas y los niños pueden deprimirse?
Sí. La depresión no afecta solo a los adultos. Sin embargo, cuando se presenta en niñas, niños o adolescentes, algunas de sus características pueden confundirse fácilmente con facetas propias del crecimiento, por eso muchas veces se retrasa el diagnóstico.
Además, existen algunas diferencias en los síntomas cuando se da a edades tempranas: “La gran diferencia con la depresión adulta es que en los chicos, a veces más que tristeza en el área emocional y afectiva, lo que se ve es irritabilidad. Pero las señales de alerta son similares: problemas en el sueño, baja autoestima, sensación de inutilidad, de culpabilidad, poca energía vital”, explica el psicólogo Guillermo Thomas.
¿A qué síntomas tengo que prestarle atención?
Esta problemática incluye un abanico de síntomas. Nunca hay que subestimar las señales de alerta y es clave consultar a un profesional para intervenir a tiempo. Algunas de sus manifestaciones son:
●Tristeza persistente.
●Sensación de ansiedad.
●Sensación de “vacío”.
●Sentimientos de desesperanza o pesimismo.
●Irritabilidad, frustración o intranquilidad.
●Pérdida de interés, motivación o placer en las actividades y pasatiempos recurrentes.
●Disminución de energía.
●Dificultad para concentrarse.
●Pérdida de memoria.
●Alteración del sueño.
●Cambios en el apetito.
●Dolores y molestias, como dolor de cabeza, calambres o problemas digestivos.
●Pensamientos sobre la muerte o el suicidio.
En cuanto a las niñas y los niños, hay que estar atentos a:
●Desregulación emocional: apatía, hiperactividad, irritabilidad, poca tolerancia a la frustración.
●Pérdida de la confianza en sí mismo y sentimientos de inferioridad.
●Ideas de culpa y de ser inútil.
●Perspectiva sombría del futuro.
●Pensamientos e ideas suicidas.
●Autoagresiones.
●Trastornos de sueño.
●Pérdida de apetito.
●Cansancio exagerado.
●Disminución de la atención y concentración.
¿Me puedo hacer un test para saber si estoy deprimido?
El psiquiatra Ignacio Brusco explica que en Internet está disponible el Test de Beck de depresión, que es autoadministrado. “Es muy interesante porque marca todas las pautas de motivación en expresiones de la vida: por ejemplo, si disminuyó el apetito sexual, los gustos por realizar hobbies, las relaciones sociales o las ganas de trabajar. Sirve para que muchas veces la gente se acerque a la consulta, que es fundamental”, asegura el médico.
Ante la sospecha de que una niña, niño o adolescente está transitando una depresión, puede realizarse el Cuestionario de Depresión Infantil (CDI) que también está en Internet y es una adaptación del de Back para adultos. Según la psiquiatra Silvia Ongini, se trata de uno de los instrumentos más utilizados por los especialistas en depresión infantil. Puede ser administrado a chicas y chicos de entre 7 a 17 años y el tiempo de la toma es entre 10 y 25 minutos. Considera aspectos cognitivos, afectivos y conductuales de la depresión.
Más allá de los resultados de cualquiera de los dos test, es clave consultar a un profesional de la salud.
¿Cómo puedo ayudar a alguien con depresión?
Atravesar una depresión no sólo es un camino difícil, sino que en muchos casos puede prolongarse durante un largo tiempo. Más allá de la ayuda profesional, otro factor que marca una diferencia en el pronóstico es el acompañamiento sostenido de familiares, amigos y otros vínculos significativos.
La psiquiatra Silvia Ongini sostiene que es clave no perder de vista que quien acompaña “no es omnipotente ni un profesional”, por lo que es esperable que “sufra un desgaste, se ponga irritable, se enoje, estalle al querer sacar al otro de la depresión, y termine hundiéndolo más”. Para prevenir estas situaciones, es recomendable:
●Habilitar el diálogo con la persona en cuestión y darle espacio para que exprese sus emociones, validándolas en lugar de negarlas o minimizarlas.
●Tener empatía y paciencia, entendiendo que los procesos para atravesar estos cuadros llevan tiempo y que ese tiempo es único y personal.
●Entender que salir de una depresión no es cuestión de voluntad, como muchas veces se cree, y que es clave la ayuda profesional. Por eso debemos promover que la persona la busque y sostenga el tratamiento.
●No juzgar a la otra persona ante su imposibilidad de afrontar la vida o ver las cosas según uno cree que debería hacerlo.
●Cuidarse a uno mismo. No descuidar la salud emocional y, de ser posible, involucrar a otras personas del entorno en el acompañamiento.