¿Qué impacto puede tener en la vida de una mujer la violencia doméstica?

La violencia doméstica puede afectar negativamente la salud física, mental, sexual y reproductiva de las mujeres. Alejandra Vázquez, psicóloga especialista en la temática de la asociación civil Surcos, explica que es posible que las mujeres que sufren violencia se nieguen a realizar una denuncia por sentirse inhibidas para actuar, por temor a represalias, por ausencia de redes de apoyo social, porque se encuentran afectadas por el estrés postraumático, porque carecen de recursos, por vergüenza o por culpa.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la violencia doméstica puede:

●Tener consecuencias mortales, como el femicidio o el suicidio.
●Producir lesiones: el 42% de las mujeres víctimas de violencia por parte de su pareja refieren alguna lesión a consecuencia de dicha violencia.
●Ocasionar embarazos no deseados, abortos provocados, problemas ginecológicos e infecciones de transmisión sexual, entre ellas la infección por el VIH.
●La violencia de pareja durante el embarazo está asociada con un aumento en la probabilidad de abortos involuntarios, muertes fetales, partos prematuros y bebés con bajo peso al nacer.
●Causar depresión, estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad, insomnio, trastornos alimentarios e intentos de suicidio.
●Entre los efectos sobre la salud también se encuentran las cefaleas, los síndromes de dolor (de espalda, abdominal o pélvico crónico), trastornos gastrointestinales, limitaciones de la movilidad y mala salud general.

Repercusión en los niños

●Los niños que crecen en familias en las que hay violencia contra las mujeres pueden sufrir diversos trastornos conductuales y emocionales. Estos trastornos pueden asociarse también a la comisión o el padecimiento de actos de violencia en fases posteriores de su vida.
●La violencia de pareja también se ha asociado a mayores tasas de mortalidad y morbilidad en los lactantes y los niños (por ejemplo, por enfermedades diarreicas o malnutrición o por menores tasas de inmunización).

¿A qué señales hay que estar alerta en una relación?

Para algunas mujeres es difícil darse cuenta de que están en una relación violenta y, sobre todo, poder pedir ayuda. Muchas veces las agresiones pueden comenzar como casi “imperceptibles” y se toma conciencia de su dimensión cuando ya es demasiado tarde. Por eso resulta clave poder detectar las señales de alerta, prevenir y actuar a tiempo.

Señales de alerta

Si sos mujer:

Control: desde decirte qué ropa podés usar y cómo maquillarte hasta revisar tu celular y pedir tu contraseña de Facebook, Twitter o Instagram como «muestra de amor».
Humillación: ridiculizarte frente a tus amigos, hacerte sentir torpe, inútil, criticar tu cuerpo o compararte con sus exnovias, hacerte sentir menos y culparte de todo lo que pasa en la relación. Muchas veces, estos varones se comportan de una forma en público y de otra muy distinta en privado. Además, suelen pedir muchas veces perdón. «Después de una situación violenta, piden disculpas, prometen no volver a hacerlo. Esto confunde, porque la violencia coexiste con situaciones amorosas, y eso genera esperanza en ella: el pensar que va a poder cambiarlo», explica Alejandra Vázquez, psicóloga especialista en la temática e integrante de la asociación civil Surcos.
Celotipia: cuando no te deja ver a tus amigos, quiere conocer cada uno de tus movimientos y controla tus salidas así como tus redes sociales. «Muchas veces, los violentos ni siquiera las dejan juntarse con compañeros de trabajo o escuela en el caso de las adolescentes», ejemplifica Marcela Morera, cofundadora de la agrupación Atravesados por el Femicidio.
Agresiones físicas que a la vista de quienes los rodean se interpretan como «juegos de manos»: tales como pellizcos, tirones de pelo, empujones, patadas o cachetazos. Esto suele presentarse en las relaciones abusivas en noviazgos adolescentes.
Abuso sexual: si te obliga a tener relaciones sexuales, quiere tocarte o realizar prácticas que no querés o sentís que no estás preparada, así como obligarte a mantener relaciones sexuales sin uso de preservativo.

Manipulación: amenaza con suicidarse si decidís terminar la relación o hacerle daño a alguien de tu entorno familiar y/o afectivo.

Si sos familiar:

Aislamiento: si notan que la mujer empieza a evitar amistades, se aleja de la familia, restringe sus actividades (como estudiar, salir o hacer algún deporte) y lo único que hace es estar con su pareja. “El varón con conductas violentas va a intentar alejarla y aislarla todo el tiempo de amistades, compañeros de estudio o trabajo, familia, porque ellos son quienes pueden abrirle los ojos, prestarle algún tipo de ayuda o dejar en evidencia que ese hombre ejerce violencia sobre ella”, señala Morera.
Pendiente del celular: pasa todo el día pegada al celular, poniendo el altavoz para mostrarle a su novio que está en determinado lugar o quién la acompaña.
Cambia su forma de ser: no se viste de la misma manera, deja de usar prendas que solían gustarle, pierde o aumenta mucho de peso, si está angustiada, con la autoestima baja o con cambios en el estado anímico. «Vamos a ir detectando en estas mujeres desde cambios de hábitos hasta en su look y la forma de arreglarse, así como en el brillo de sus ojos, en su mirada, en su rictus y aseo personal», describe Morera.
Evitan las charlas: si notan que empieza a ocultar cosas y no cuenta demasiado sobre su relación o si se encierra en sí misma y no quiere hablar de lo que le pasa.
Ocultamiento: si tiene que acudir a una guardia médica por lesiones producto de la violencia es posible que manifieste ideas como “me caí, tuve un accidente”, sobre todo cuando la persona en situación de violencia es una mujer mayor de 60 años. Puede sentir vergüenza, culpa y temor a represalias y por eso oculta su padecimiento.
Cambios bruscos en su estado anímico: puede presentar inestabilidad emocional y sentimientos ambivalentes hacia el victimario.

¿Cómo ayudar a una mujer que se encuentra en situación de violencia?

Brindar una escucha activa y empática: es clave estar, comprender y no juzgar. «No nos tenemos que acercar para darle una clase magistral sobre violencia de género», señala Marcela Morera, cofundadora del grupo Atravesados por el Femicidio y madrina del refugio Uguet Mondaca. «Solo debemos escuchar a esa mujer y preguntarle cómo podemos darle una mano. Y si no la conocemos mucho, le podemos decir que intuimos lo que le está sucediendo, que si quiere contarnos algo, que cuente con nosotros, que puede llamarnos en cualquier momento, a cualquier hora», agrega.

Ayudar a que entienda que ella no tiene la culpa: Alejandra Vázquez, psicóloga especialista en la temática e integrante de la asociación civil Surcos, explica que muchas mujeres ocultan la violencia o pueden no registrarla como tal, estando convencidas de que lo que están atravesando no es violencia. Pueden justificar a su pareja o minimizar las situaciones con expresiones tales como «es su carácter», «yo lo pongo nervioso» o «fue sólo un empujón». Es fundamental reforzar la idea de que ellas no son culpables de nada, que tienen derecho a vivir una vida libre de violencia, que se puede salir de ese lugar y que es fundamental pedir ayuda.

Llamar al 911 ante una emergencia: por ejemplo, si escuchamos gritos o golpes. Morera recuerda que todas las llamadas al 911 son anónimas. «Si somos vecinos podemos llegar a escuchar gritos sobre todo en las noches o los fines de semana. Siempre, tenemos que llamar al 911: podemos estar salvándole la vida a una mujer», enfatiza.

Pedir asesoramiento: si tenés dudas sobre cómo actuar, podés pedir asesoramiento llamando a la línea 144, que funciona las 24 horas, los 365 días del año y es atendida por especialistas. Además, es anónima, gratuita y nacional. También se puede bajar una aplicación gratuita al celular buscando 144 desde Android o App Store.

Acompañar sin tomar decisiones por ella: hay que considerar que las mujeres que viven situaciones de violencia de larga data tienen afectada la autodeterminación y la autoestima porque nunca les permitieron tomar decisiones. Por ello, es fundamental acompañar sin decidir por ellas, promoviendo su autonomía.

Brindarle direcciones y números de teléfono de instituciones que aborden la problemática: ofrecernos a acompañarla es una alternativa en las situaciones en que las mujeres se encuentran afectadas para actuar. Es fundamental que la mujer pueda recibir asistencia de un equipo interdisciplinario especializado en la temática de violencia.

Buscar ayuda en asociaciones especializadas: acudir a asociaciones de mujeres como La Casa del Encuentro puede ser de mucha ayuda, no solo para quienes sufren violencia sino también para quienes buscan protegerlas. En el caso de las mujeres en situación de violencia, acompañarlas para que vean y escuchen casos similares a los suyos puede servirles para sentirse identificadas y que tomen conciencia del peligro de su relación. El acompañamiento de otras mujeres y de profesionales como psicólogos especializados, es clave.

No juzgar ni escandalizarse: «Jamás juzguemos a una mujer que es víctima de violencia. No estamos en sus zapatos, no sabemos cómo fue su vida, cómo piensa, cuál es el calvario que pasó, cómo es su ámbito sociocultural», explica Morera. En esa línea, Paulina Oviedo, directora del Hogar Nuestra Señora del Milagro, de Florencio Varela, cuenta que las mujeres llegan «muy quebradas» y que lo que más valoran es encontrar alguien que las escuche. «No hay que escandalizarse, por ejemplo, cuando nos cuentan que a pesar de lo que vivieron y de los golpes que están marcados en su cuerpo, a veces extrañan a ese hombre violento. No es tan sencillo para ellas romper ese vínculo de años de violencia y ese es el trabajo más grande y personal que hay que hacer», explica. Vázquez agrega que muchas veces las mujeres víctimas de violencia «tienen concepciones muy tradicionales acerca de la familia y muy internalizados los estereotipos tradicionales de género», motivo por el cual tienen que «deconstruir los mandatos recibidos para dejar de sentir culpa y deseos de volver con la pareja abusiva».

Estar siempre disponibles y comunicadas: estar cerca y no dejar a la mujer sola es la única manera de romper el aislamiento que el agresor siempre busca instalar, alejándola poco a poco de su círculo íntimo. El varón con conductas violentas les va cercenando los vínculos y logra hacerlas sentir solas y aisladas. «En medio de una pelea, lo primero que le echan en cara es: ‘¿Te das cuenta de que estás sola? ¿Si no estás conmigo con quién vas a estar, si nadie te quiere?», detalla Morera.

Ayudar a romper el círculo de la violencia: no enojarse con la mujer ni dejar de acompañarla aunque ella se aleje o se aísle. Es clave no dejarse vencer por la impotencia. «Muchas veces las amistades o familias se aburren de esa situación de que las chicas o las mujeres se pelean, vuelven, se pelean y vuelven con sus parejas. Sienten que es una tomada de pelo y no es así, a ellas les cuesta muchísimo salir de ese círculo», describe Morera.

No enfrentar al victimario: Si alguien te cuenta que es víctima de violencia, los especialistas recomiendan que en ningún caso te enfrentes al victimario, ya que eso suele ser perjudicial y puede incrementar el riesgo de vida en la mujer.

Creerle siempre a la mujer en situación de violencia: «Nunca hay que dudar del relato de violencia de la mujer porque la pareja de ella nos parezca una buena persona, amable y solidario. Quienes ejercen violencia suelen presentar una doble fachada, o sea un comportamiento en el ámbito público y uno muy diferente en el privado», afirma Alejandra Vázquez.

Otras estrategias para ayudar a una mujer en situación de violencia: es fundamental que se determinen ciertas estrategias, como por ejemplo establecer una clave sencilla para actuar ante un hecho sin poner en aviso al agresor, lo que puede incrementar el riesgo de violencia. Por ejemplo, si una mujer le manda un mensaje a una vecina o amiga pidiéndole que le comparta una receta, un emoji o solamente su geolocalización, esa “clave” indicaría que necesita ayuda y la persona que lo recibe debe actuar inmediatamente. Otra recomendación que dan los especialistas es decirles que tengan guardado en un lugar ya identificado su documento, el de los hijos, medicamentos y lo que consideren indispensable para que puedan salir rápido ante una situación de riesgo inminente.

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