Descubierta accidentalmente en 1974, esta especie migratoria exclusiva de Santa Cruz enfrenta una lucha crítica por su supervivencia. El rol de la ciencia y la conservación para proteger a un ave que depende de un ecosistema único.

Se cumplieron 52 años de un hito para la ornitología argentina: el descubrimiento del Macá Tobiano (Podiceps gallardoi). Aunque medio siglo parezca un tiempo considerable, para la ciencia se trata de un suceso sumamente reciente que aún hoy, en cada campaña, permite recolectar nuevos aprendizajes sobre una de las especies más emblemáticas y vulnerables de la Patagonia Austral.

Un hallazgo fortuito

La historia de su conocimiento científico se remonta a 1974, cuando Mauricio Rumboll junto a Edward Shaw divisaron al ave en la Laguna de Los Escarchados, a pocos kilómetros de El Calafate. El hallazgo se produjo de manera accidental, mientras los investigadores llevaban adelante una campaña para el estudio de cauquenes. Desde aquel momento, el Macá Tobiano se convirtió en un símbolo de la biodiversidad regional y en una prioridad para los conservacionistas.

Ciclo de vida y dependencia ambiental

El Macá Tobiano es un ave migratoria con un comportamiento estrechamente ligado a la geografía santacruceña. Durante la temporada de invierno, habita los estuarios de los ríos de la provincia, siendo el Río Santa Cruz el sitio más importante para su supervivencia en esta etapa.

Con la llegada de la primavera, la especie inicia su migración hacia las mesetas del oeste de Santa Cruz, donde se encuentran sus áreas reproductivas. Un dato crucial sobre su biología es su dependencia absoluta de la Vinagrilla, una planta acuática. El Macá construye sus nidos únicamente cuando esta planta florece y sale a la superficie; si la Vinagrilla no florece, la formación de nidos resulta imposible.

En condiciones óptimas, estas aves se reúnen en colonias que pueden agrupar a decenas de individuos. Además, se destaca por tener una crianza compartida: tanto la construcción del nido como el cuidado de los huevos y la alimentación de los pichones son tareas que la pareja realiza en conjunto. Durante sus primeros días de vida, los pichones permanecen sobre el lomo de sus padres hasta que son capaces de volar, alimentarse por sí mismos y emprender el viaje de regreso a los estuarios.

El trabajo de conservación

Debido a su fragilidad, desde hace más de 16 años se llevan adelante programas de conservación intensivos. Las tareas principales incluyen la presencia de guardianes de colonia, el control de especies exóticas invasoras que amenazan sus nidos y la técnica de recría ex situ para fortalecer la población.

A más de cinco décadas de haber sido presentado al mundo, el Macá Tobiano continúa siendo un recordatorio de la riqueza natural de la Patagonia y de la urgencia de proteger los ecosistemas que permiten su existencia.

Fuente https://macatobiano.org/es/

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